Cuidado con la palabra amor

Muchos hombres tienen alergia a la palabra amor. Les pondré un ejemplo: normalmente, ellos no compran novelas románticas o, mejor dicho, que se adjetiven como «de amor». No hace mucho, discutía sobre esto con mi editor, David Trías. El se resistía a creer que fuera así pero al final se vio obligado a reconocer que yo tenía razón. Solo tuve que hacerle una pregunta: «¿Qué tipo de lectores compran una novela en que el amor sea la materia prima?». No tuvo más remedio que reconocer que pocos hombres se inclinarían a comprar un título en cuya portada aparezca la palabra «amor» (o desamor, tanto da).